¡Corre Despacio!

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Publicado el 29/08/2017 en Centrum al Día

¡Corre Despacio! (Ver en web) 

Antonieta, una profesional de 29 años de edad, me contó que quería salir de su empleo actual porque cada día sentía que le daban más trabajo. Han renunciado dos gerentes y no han contratado su reemplazo, le han transferido las funciones a ella y lo viene haciendo muy bien, pero sigue con el mismo cargo y el mismo sueldo.

Y me siguió contando su historia… He hablado con mi jefe varias veces y me pide que espere un poco, pero ya me cansé de esperar. En nuestra última conversación me vio tan fastidiada, que me prometió conversar con la Gerente de RRHH sobre la situación. Ese mismo día, su jefe le dijo que estaba contento porque ya había planteado el asunto en Recursos Humanos y le prometieron tomar acción inmediata, por lo que le pidió que espere un poquito, lo cual la entusiasmó y quedó a la espera de la llamada.

Para su sorpresa, al día siguiente la llamó la Gerente de Recursos Humanos a su oficina y le dijo“Antonieta, hace algún tiempo que quiero hablar contigo sobre tu situación y sobre el costo mensual que hemos asumido por tu maestría, pero por una u otra razón no he podido hacerlo, necesito que firmes este compromiso de trabajar con nosotros un mínimo de dos años y si esto no se cumple descontaríamos de tu liquidación el importe que corresponda.”

Me quedé totalmente sorprendida, casi no la dejé terminar y le respondí inmediatamente, en un tono muy firme, ¡que yo no estaba dispuesta a firmar ningún compromiso! y que más bien yo estaba insistiendo con mi jefe para que se regularice mi situación salarial y el título de mi cargo, ya que desde hace bastante tiempo había asumido mayores responsabilidades y no pasaba nada. Ella me pidió que me calmara, diciéndome, vamos a reunirnos con tu jefe y conversemos con más tranquilidad, y yo le respondí “que ya no me interesaba conversar nada, que sentía que no estaban siendo serios conmigo, que no merecía este trato y me retiré.”

Por todo esto he decidido renunciar mañana, y he venido a conversar con usted para que me apoye en prepararme para la búsqueda de un nuevo empleo.

Antonieta, según lo que me cuentas, tu empresa tiene planes contigo a largo plazo, ellos quieren que les asegures tu permanencia mínima por dos años y tú quieres retirarte. Podría ser que la Gerente de RRHH le haya dicho a tu jefe, voy a conversar con Antonieta, porque quiero asegurarme que igualmente ella tenga interés en seguir con nosotros, y consideró la forma de hacerlo, que al margen de que no haya sido la mejor, quería saber que pensabas tú y tú le has dicho en pocas palabras que te quieres ir ¡ya! Podría ser que consigas un empleo rápidamente, pero si no es así, esta decisión podría implicar un costo alto para ti. Bueno, “no lo había visto así,  me ha cambiado el chip” respondió y se quedó pensando y muy preocupada, casi sin expresarlo, parecía decir “metí la pata”.

Finalmente, le dije que estaba frente a dos escenarios, mantenerse en su posición o tratar de enmendar la situación, expresando a su Jefe y a la Gerente de RRHH, con toda franqueza, que se había equivocado. Pedir disculpas y firmar el compromiso sin ninguna condición. Antonieta, es muy probable que ellos se den cuenta que se trata de un error de juventud y las cosas se arreglen a tu favor. Si la situación fuera distinta tendrías que asumir tu error y tomar este como una fuente de aprendizaje.

En nuestra vida laboral, según lo que expresa Edgardo Loret de Mola, en su libro La Administración de la Carrera, “El Único trabajo que nunca Acaba”, los profesionales atraviesan por cuatro etapas, la primera, entre los 20 y 35 años, denominada la etapa de “los conquistadores”, donde el objetivo es la acumulación de dinero y a veces, las decisiones son más apresuradas, dada la seguridad que tienen en ellos mismos y muchas veces tiene menos responsabilidades.

La segunda etapa es la de la “madurez”, entre los 36 y 45 años, donde el objetivo es el status y los impulsos son más suavizados y los valores empiezan a modificarse.

La tercera etapa es “la cúspide”, entre los 46 y 55 años, llamado también el cenit de la carrera, cuyos resultados dependerán de planear, evaluar, reajustar y monitorear la carrera en forma permanente.

La cuarta etapa es la denominada “la cosecha”, más allá de los 55, donde se podrá tener las mayores satisfacciones, y la carrera se desarrolla a un ritmo y estilo diferente.

El personaje de esta historia, Antonieta, es una joven profesional que atraviesa por la primera etapa laboral, y se siente capaz de doblegar, conquistar y dominar el mundo, y en su rápido análisis no ha tomado en cuenta todo lo que le puede hacer perder su apresurada decisión.

El caso de Antonieta se repite muchas veces en distintas formas, pero con un fondo similar. Jóvenes brillantes con grado profesional y posgrado que piensan que sus títulos y sus dos o tres años de experiencia, a veces adquirida en dos o tres empresas distintas, les brinda la protección necesaria para lograr y/o exigir ascensos rápidos, incrementos periódicos o bonificaciones extraordinarias y que de no darse, simplemente deciden retirarse de sus empresas en busca de nuevas oportunidades que muchas veces no se presentan en el tiempo que ellos esperaban y se enfrentan al descarrilamiento de su carrera.

Es bueno correr hacia mejores oportunidades en afán de crecimiento personal y profesional y tenemos que incentivar a la juventud a hacerlo, pero con una sencilla recomendación: “Correr despacio”.