¿Por qué duele tanto perder el trabajo?

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Publicado en el diario El Comercio (Perú),  el 03/09/2018

Muchos de quienes no han vivido de cerca lo que es quedarse sin trabajo creen que lo que más duro es perder el sueldo o la seguridad financiera. Por supuesto que perder un ingreso fijo es muy difícil, pero casi nunca es lo más doloroso. He atendido a varios miles de profesionales que pasaron por la circunstancia de quedarse sin trabajo, y he visto una y otra vez la angustia, la ansiedad, el temor y el dolor que viene de la falta de respeto por procesos de salida mal manejados, sin cuidado de la dignidad y la autoestima de las personas.

Lamentablemente se ha banalizado mucho lo que significa la pérdida de trabajo. Y se comenten muchos errores que hacen que las desvinculaciones se manejen a la ligera, sin medir las consecuencias o el impacto real que tienen en las personas y sus familias. Deshumanizan las salidas, desvalorizan a las personas y las miran sólo desde la perspectiva legal, financiera o de costos. Peor aún, las delegan a personas sin preparación ni sensibilidad alguna en el tema y que cometen muchos errores.

Como ejemplo, muchos piensan que las salidas no duelen a los millennials ya que ellos cambian de trabajo con frecuencia. Pero vemos que los profesionales que tienen entre 28 y 35 las sufren ya que tienden a ser su primer “fracaso” profesional, – y muchos no tienen aún la madurez suficiente para enfrentarlo correctamente. Otros piensan que perder el trabajo hoy ya no es grave para los ejecutivos de más nivel, quizá porque tienen más ahorros, contactos o mejor marca personal. Vemos lo contrario: “caer” de más alto sigue doliendo más.

Es también un error común asumir que muchos ya anticipan su salida cuando hay adquisiciones, fusiones, procesos de digitalización o automatización, cambios en la estrategia o el modelo de negocio. La verdad es que nadie nunca cree que eso le pasará a él o a ella y la noticia siempre impacta muchísimo.

Ciertamente no impacta a todos por igual. El 15% se siente aliviado cuando escucha la noticia que lo están dejando ir. Pero el resto pasa primero por emociones como la negación, rabia, shock, dolor por la pérdida de la identidad y la comunidad. Y allí es donde muchos cometen costosos errores que afectan luego su empleabilidad y su marca personal.

Evitar que las organizaciones actúen a la ligera o sin humanidad cuando se trata de comunicar la perdida de trabajo de alguien es mi misión y vocación desde hace más de 25 años, cuando me tocó vivir de primera mano una experiencia familiar de desempleo muy dura. La comunicación de salida fue muy poco profesional y fui testigo del impacto, el inmenso dolor y el trauma que causó. Y de todas sus consecuencias a largo plazo. Por eso trabajo para que el respeto a cada persona sea la primera prioridad durante cada etapa de un proceso de salida, independientemente del nivel o la edad de cada quien. Si a usted le toca tener que dejar ir a alguien, por favor asegúrese de manejar cada salida muy humanamente y con mucho respeto, cada vez, sin excepciones.

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