Una buena actitud hace la diferencia

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Publicado el 02/09/2017 el América Economía

Hay una historia que suelo contar en mis charlas y que también he compartido con ustedes en una edición pasada en este medio y me parece importante volver a citar. Es una historia que Kim Woo-Choong, presidente del Grupo Daewoo, cuenta en su libro El mundo es tuyo y se refiere a las actitudes que tenían sus empleados que para él eran determinantes para ser reconocidos como empleados valiosos y para que pudieran hacer carrera. Menciona que en una época había mucha escasez de espacio en los barcos, y ellos tenían que ocupar ese espacio que les asignaban para exportar sus productos, pero que en los puertos a veces te prometían el espacio, pero luego te bajaban la carga.

Había tres tipos de empleados: un empleado que acompañaba la carga hasta el puerto, y se retiraba tranquilo de que ya había cumplido su trabajo, que era llevar la carga al puerto. Había otro que no se iba del puerto hasta asegurarse de que su carga la hubieran embarcado y estuviera instalada en las bodegas de los barcos. Pero había una tercera clase de empleado, que era aquel que no se iba del puerto hasta que el barco zarpara, así tenía la seguridad de que la carga no habría sido bajada de las bodegas. Y según Kim Woo-Choong, era obvio que ayudaría a hacer carrera y desarrollar a aquellos que pertenecían al tercer grupo, los que se quedaban, porque lo que importaba no era cumplir el encargo según como estaba señalado, sino cumplir con la misión del encargo, con la razón de ser del encargo. En este caso, que la carga efectivamente saliera del puerto y llegara a su destino. Por ello, en muchas ocasiones cuando me preguntan: ¿cómo alcanzar el éxito profesional?, pienso justamente que a muchos les falta dar ese pequeño paso adicional que toma entender cuál es la razón real de lo que estoy haciendo, y hacer más de lo que se pide o mejor de lo que se espera. Es decir, lograr esa contribución, ese paso adicional, y darlo con compromiso es lo que genera una actitud muy valorada y reconocida para el éxito, no solo de las empresas, sino para el éxito de nuestros propios emprendimientos. Muchas veces admiramos a los emprendedores por su perseverancia y carácter, porque sus negocios dependen de que justamente la carga llegue al destino y entonces se quedan hasta que el barco salga del puerto.

Las empresas requieren personas dispuestas a dar ese extra, ese trabajo adicional, personas optimistas, con capacidad de adaptación, batalladoras, con coraje y valentía, personas valiosas. Cuando nos apasionamos e involucramos más en el trabajo, lo hacemos mejor y generamos los resultados del caso.

Es momento de reflexionar sobre qué actitud estamos teniendo en el trabajo y hacer algo al respecto. Hacernos una autoevaluación. A veces nos cuesta querer darle a nuestro empleador o nuestro cliente ese extra, ese trabajo adicional, porque muchas veces pensamos que no se lo merece porque no lo valora, no lo aprecia, pero en el fondo ese paso lo debemos hacer por nosotros mismos, por nuestra experiencia de vida, por nuestra conciencia, por nuestro desarrollo profesional y además por nuestra marca personal, porque al final nuestros colaboradores, clientes y proveedores saben quiénes somos, lo serio que somos, y lo bien que trabajamos.

Recuerda que todos somos dueños de nuestra actitud, con la que decidimos trabajar, con la que decidimos vivir, y esa actitud se debe ver reflejada en todos los ámbitos de nuestra vida. Y tener una buena actitud sí hace la diferencia, es clave en el trabajo, en realidad es clave para todo en la vida. Está en nosotros tener esa actitud ganadora, tenemos ese poder.

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