Integridad, reputación y marca personal



Inés Temple
Presidente LHH DBM Perú y LHH Chile

¿Se puede trampear, mentir, falsear, jugar a dos caras y quedar impunes? Sí, pero no dura. Todo se sabe, todo rebota. ¿Puede uno vincularse, hacer negocios o asociarse con personas poco éticas sin sufrir las consecuencias? No. Uno también se define por con quiénes escoge relacionarse o hacer negocios. ¿Se puede ser poco ético o de moral elástica y tener éxito?. Quizá, pero ese éxito no será duradero.

Muchos se preguntan ¿cómo se puede reconocer a un profesional auténtico y ético? Sugiero la prueba del no. Una persona ética sabe decir que no a las tentaciones de la ética elástica aún a costa de arriesgar su puesto, ganancias adicionales, o una licencia. Las personas íntegras y correctas sabemos decir no cuando corresponde y lo hacemos por nosotros mismos, por nuestra carrera, nuestra reputación, nuestro nivel de empleabilidad y nuestra marca personal, pero, especialmente por nuestra propia consciencia.

¿Podemos confiar en quien engaña, miente o “estira” la verdad y se justifica “separando” un mundo el otro? No. Somos siempre la misma persona -indivisible-, independientemente del entorno o la circunstancia en la que nos encontremos. La moral esperada es la misma para todos los sectores de nuestra vida.

 La tecnología, que hoy rompe cada vez más las separaciones entre la vida profesional, personal y familiar, permite que todo trascienda. Todo puede quedar colgado en internet o amanecer publicado en alguna red social.  El mundo entero nos mira en cada ámbito en que nos desenvolvemos y nadie está libre de quedar al descubierto. Todos nuestros actos son vistos, juzgados y recordados.

El mundo laboral, en especial, no perdona a quienes faltan a su palabra, mienten o cometen faltas de ética, aunque sean solapadas. No se trata de ser santos o paranoicos, pero sí íntegros, transparentes y cada vez más conscientes y responsables de nuestros actos y comportamientos. Si nos equivocamos – y todos lo hacemos – es imperativo ser capaces de reconocer y enmendar la falta rápidamente, sin excusas.

¿Paga ser correcto? Definitivamente, sí. Sobre todo si uno ve, analiza y proyecta su vida con una mirada integral de mediano y largo plazo. Los errores de ética que cometamos hoy nos perseguirán toda la vida, incluso cuando nosotros mismos podríamos haberlos olvidado.

Creo que actuar bien solo por “el qué dirán”, fingir para quedar bien con todos y obtener un beneficio de ello tampoco es una buena política. Todos conocemos personajes que se venden como inofensivas palomas, que se presentan como víctimas del sistema, de las circunstancias, de los líderes, jefes o competidores; pero que son capaces de faltas de corrección cuando tienen la menor oportunidad y, tarde o temprano, son descubiertas en su mentira.

Hacer lo correcto, actuar con honestidad, pensar en el bien ajeno son la base de la reputación personal, de un buen lider y un buen profesional, y son vitales para merecer la confianza de nuestros empleadores, colegas, clientes y amigos, presentes o futuros.

Vivir de acuerdo a nuestros valores y principios -más allá de lo que digan o piensen de nosotros – nos hace personas más íntegras y profesionales de más valor en el mercado laboral. Y es que nuestra marca personal, nuestra imagen y nuestra reputación no son sino el reflejo real de quienes somos en verdad.