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18 febrero, 2017

Ya no te perdono

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Publicado el 18/02/2017 en El Comercio

Nos hemos visto prácticamente paralizados al conocer diversos actos de corrupción. La indignación de ver que el poder sólo sirvió para malas prácticas es tremenda. Pero hay luz brillante al fondo del túnel: todo esto está contribuyendo a impulsar un importante cambio cultural en nuestro país: hoy tenemos una nueva conciencia colectiva donde la ética y la verdad sí importan.

Ya no estamos dispuestos a aceptar la impunidad de nadie. Ya no somos blandos con quienes abusan de nuestra confianza o nos tratan como tontos. Ya no celebramos al “vivo” y estamos hartos de vivir en el caos creado por esa mentalidad. Hoy queremos vivir en la luz y en la modernidad. Y con tecnología.

En este nuevo contexto vale la pena revisar algunos paradigmas:

1.Hacer lo correcto, cumplir la palabra, actuar con honestidad, pensar en el bien ajeno, respetar al otro, son la base de la integridad y la reputación de cada persona. Son el sustento de la marca personal. Pero hay una razón más para apostar por la corrección: la sociedad interconectada es cada vez más un fiscal muy atento al accionar de todos, todos los días, en todos los campos: todo siempre se llega a saber. Es el fin de la impunidad.

2.¿Se puede ser poco ético, de doble moral y tener éxito hoy? Quizá todavía sí ¿Ese éxito será duradero en el mediano plazo?, la respuesta es claramente no. Gracias a la tecnología, el historial ético de las personas queda registrado y colgado en internet para siempre y se encuentra fácilmente vía Google. Cada vez menos se puede mentir, engañar, abusar, coimear y quedar impune.

3.Vivimos en vitrinas reales y digitales: todos nos miran en cada ámbito en el que nos desenvolvemos y nadie está libre de quedar al descubierto en cualquier momento. Todo se sabe, todo trasciende, todo puede ser filmado sin que nos demos cuenta y luego ser publicado a la vista de todos en Twitter, Facebook, Instagram o algún blog. No es cuestión de ser paranoicos, sino más bien íntegros, transparentes y coherentes, a diario.

4.De igual modo que la tecnología rompe las “separaciones” entre la vida profesional y personal, entre lo privado y lo público, hoy la moral esperada es la misma para todos los sectores de nuestra vida. ¿Acaso no somos la misma persona, independientemente del entorno o las circunstancias en la que nos encontremos? La ética personal y la profesional ya no se pueden separar. Quizá el cinismo esté llegando también a su fin…

5.La confianza es la base de toda relación personal o profesional y nace del respeto que sentimos por el otro, del cumplimiento de nuestra palabra, de la integridad de nuestro comportamiento, de vivir sin duplicidades o conflictos de interés. ¿Podemos confiar en quien engaña o miente en algún campo de su vida? Como hoy todo se sabe, si se le miente a uno, se le está mintiendo a todos.

6.Apostar por la ética y los valores, más allá del qué dirán nos hace mejores personas y, obviamente, profesionales más atractivos para el mundo laboral. Pero quizá la mejor razón para hacerlo es por el ejemplo que damos a nuestra familia. Y por nuestra propia calidad de vida. Nada se compara con tener la conciencia tranquila y dormir en paz y libertad cada noche….

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