Esta es mi mision 684x488 - Caras nuevas, expectativas nuevas
10 agosto, 2016

Caras nuevas, expectativas nuevas

Esta es mi mision 752x501 - Caras nuevas, expectativas nuevas

Publicado el 10/08/2016 en Gestión

Hace poco empezamos un nuevo gobierno, con un nuevo presidente y equipo que manejará nuestro país en los próximos 5 años. Esto me lleva a pensar cómo vivimos ese mismo proceso en las organizaciones.

Los cambios de los gerentes generales o de primera línea no son planeados y mucho menos tan democráticos como el de una elección presidencial, no cambian cada 5 años ni tienen una duración específica, los cambios llegan muchas veces de sorpresa y el resto de la organización debe alinearse a ellos.

Nosotros como empleados de una organización, ¿cómo debemos manejar estos cambios?

1. Generemos expectativas realistas. Hace mucho tiempo alguien me dijo «las frustraciones son generadas por expectativas mal planteadas» y a lo largo de los años he podido verificar que es así. Eso no quiere decir que seremos mediocres con las expectativas que nos generemos, pero sí que seamos realistas con lo que se espera y en cuánto tiempo se espera.

2. Empecemos una nueva relación con un voto de confianza. Muchas veces tendremos dudas sobre los cambios y las personas que ocupen nuevas posiciones. Empecemos con un voto de confianza dando nuestro respaldo a las decisiones y cambios tomados en vez de generar trabas y desconfianza. Nos llevaremos gratas sorpresas.

3. Apoyemos desde nuestra posición. No importa qué tan alto o bajo sea tu nivel en la organización, estemos dispuestos a apoyar el cambio y a las personas que desempeñan nuevas funciones.

4. Seamos maleables al cambio. Nuevas gerencias traerán nuevas maneras de hacer las cosas, iniciativas diferentes y cuestionamientos sobre cómo se hacen las cosas y cómo se podrían hacer mejor. No estemos a la defensiva, expongamos nuestro punto de vista de una manera constructiva, pero dejando de lado el «siempre lo hemos hecho así».

5. Si tenemos algo que decir, digámoslo de frente. Si son comentarios buenos, uno los dice abiertamente, pero si no lo son, aumentan los chismes de pasillo, las conversaciones en las horas de almuerzo y los chats. Esto no solo genera «mala onda» sino desgasta las relaciones. Si tienen dudas, miedos, están en desacuerdo o de acuerdo con algo, es mejor que sus jefes o gerentes se enteren de primera mano.

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