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8 diciembre, 2015

El Poder del Reconocimiento

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El Poder del Reconocimiento (ver web)

Fuente: Aptitus/ 09-12-2015

Qué sucede cuando más personas se van de las empresas por falta de reconocimiento antes que por más dinero.

He escrito antes sobre el reconocimiento y lo importante que es darlo y recibirlo en nuestras vidas personales y profesionales. Sabemos que más del 75% de la gente que no está contenta en sus trabajos no lo está por falta de reconocimiento.

Incluso, muchos se van de las organizaciones por esa misma razón; porcentualmente, muchas más personas renuncian por falta de reconocimiento y de oportunidades -otra falta de reconocimiento o valoración— que por mejores sueldos en otro lado. Sí, aunque le cueste creerlo, lo que sucede es que pocos lo dicen abiertamente, ya que es una salida más «elegante» decir que en el nuevo trabajo nos pagarán más.

Pero sentir que recibimos poco reconocimiento no solo significa que no nos aumenten el sueldo o que nos nieguen las promociones que queremos, significa que no nos sentimos apreciados o valorados lo suficiente, a pesar de que sentimos que lo merecemos.

Poco reconocimiento es que no nos digan «hiciste bien el trabajo», «estoy feliz con lo que conseguiste», «lograste algo difícil y te felicitamos por eso», «estamos contentos con tu performance» o, mejor aún, «me gusta que estés en nuestro equipo y que seas parte de nosotros», sobre todo, cuando sentimos que realmente toca que nos lo digan. Cuando no llega el verdadero reconocimiento esperado, nos retraemos y empezamos a sentirnos poco valorados. Es entonces cuando mucho del esfuerzo que hacemos empieza a perder sentido.

Todas las palabras que muestran reconocimiento son muy importantes para nuestro bienestar, nuestro nivel de felicidad y satisfacción personal. Los humanos necesitamos aceptación y aprobación. Es una necesidad psicológica básica, incluso, para nuestra sobrevivencia, y las necesitamos mucho más de lo que a nadie le gusta aceptar abiertamente.

El problema es que pocos son buenos en dar suficiente reconocimiento a su gente, a su equipo, a sus subordinados o a su jefe —reconocer al jefe no significa ser sobón o manipulador, cuando el reconocimiento es genuino y desinteresado—.

No me deja de sorprender cuánto le cuesta en general a las personas dar reconocimiento abierta, generosa y frecuentemente. Hay como una tacañería inmersa en muchos, los que miden con gotero cada gota de aprecio que dan, cuando lo dan y a quien se lo dan. Para mí, eso es no solo señal de muy poca generosidad, sino una muestra de una inseguridad profunda. Muchos no reconocen a otros por que creen que con eso se ponen en una situación de debilidad; otros sienten cierta resistencia a hacerlo por incomodidad o falta de costumbre o porque sienten que la persona podría «crecerse» demasiado y pedir algo a cambio: como un aumento, por ejemplo. Otros, simplemente, porque no han aprendido el valor humano y real de dar reconocimiento genuino y frecuente.

Por otro lado, conozco gente generosa que no siente incomodidad de reconocer los méritos, logros o avances de los demás. Son los mismos que no temen dar críticas constructivas cuando la situación lo amerita. Aquellos que lo hacen así tienden a ser personas respetadas que contribuyen muchísimo al buen clima laboral de sus áreas y a retener a su mejor gente.

He visto a mucha gente sobresalir gracias al reconocimiento sincero y oportuno, y a veces me pregunto ¿por qué de verdad no lo damos más, mejor y más frecuentemente a todos los que nos rodean?




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