Democratizando el respeto

Publicado en diario El Comercio (Perú), el 20/01/2019

Me siguen fascinando los resultados del estudio que menciona Malcolm Gladwell en su libro Blink, el que permite establecer que sólo hay una variable para predecir con 95% de exactitud el futuro fracaso de una pareja. Esa variable es el desprecio. Si uno o ambos en la pareja siente desprecio por el otro, no hay manera que la relación funcione.

El desprecio es una de las manifestaciones más graves de la falta de respeto y tiene muchas manifestaciones. Cuando Gutenberg inventó la imprenta ésta acabó con los privilegios de los pocos que si podían acceder a los libros y al conocimiento. Quienes sabían leer o podían acceder a los libros despreciaban a quienes permanecían en la ignorancia, y poco se hacía por compartir el conocimiento.  Por eso se dice que la imprenta democratizó el conocimiento. Hoy por ejemplo la tecnología de un teléfono inteligente nos ha dado a todos por igual la capacidad de acceder a la información y conocimiento sin distingo de clase social, edad, nivel educacional, etnia u origen.

Si democratizar en una de sus múltiples definiciones significa que un gran número de personas tengan acceso a algo, y el respeto también es sinónimo de consideración y valoración especial, de reconocimiento. Entonces, democratizar el respeto sería hacer accesible a muchos la consideración y la valorización. Es decir democratizar el respeto sería respetar a todos por igual sin distingo de su poder económico, nivel jerárquico, poder, titulo, condición contractual, edad o cualquier otra barrera discriminatoria existente en una sociedad dada. El respeto no debería ser selectivo o condicionado como lo es hoy todavía lamentablemente en muchas áreas.

Un reto pendiente aún y lo veo a diario en mi trabajo, es que las organizaciones -incluso muchas de las más exitosas y con las mejores posiciones en los rankings como los lugares más atractivos para trabajar o los mejores empleadores- es que respeten a todos sus trabajadores por igual,  independientemente de que estos sean gerentes, ejecutivos, profesionales, empleados o trabajadores contratados,  jóvenes practicantes millennials o personas con más años. El respeto en los procesos de selección, capacitación, desarrollo, salidas respetuosas, outplacement o  buenas prácticas laborales en general deben ser el mismo para todos los trabajadores por igual, sin importar en absoluto el tipo de contrato laboral que los vincula o su nivel jerárquico en la organización.

Y ese mismo reto nos toca a todos quienes cuidamos nuestra marca personal. Tratar a todos quienes nos rodean con el mismo respeto sin distingos de ningún tipo es una muestra definitiva   de quienes somos en realidad. Solo quienes respetan a otros totalmente merecen a su vez respeto, valoración y consideración. Como todo en la vida, no podemos esperarlo para nosotros sino lo damos antes, con generosidad, sin prejuicios, distinciones o desprecio de ningún tipo. Solo así fluyen positivamente las relaciones con quienes nos rodean y por ende, nuestra propia reputación. ¡Democraticemos el respeto en el Perú!.

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