Por Ines Temple, Presidente de LHH DBM Perú y LHH Chile
Publicado en publicado en G de Gestión el 20/12/2024
Muchos se sienten seguros en su trabajo por la sencilla razón que llevan años en la misma organización. Otros no prestan demasiada atención a las cambiantes realidades del mercado laboral y lo que este demanda para posiciones similares a las suyas. Así, no tienen una idea clara de cómo resultaría la comparación con personas que, con agrado y entusiasmo, ocuparían sus posiciones de estar disponibles. Y quién sabe, hasta por salarios bastante menores y quizá con más productividad y alegría.
También están quienes, a pesar de tener un trabajo que sienten “estable”, en vez de cuidarlo y valorarlo, sabotean a la empresa con malas actitudes, habladurías y criticas permanentes a lideres, colegas y demás. Parecen no tener conciencia del impacto que esas conductas tienen en su propia productividad y efectividad, y en la de su equipo. Y, sobre todo, no toman en cuenta las consecuencias que generan en su reputación y , por ende en su carrera a corto y largo plazo.
Hablando de habladurías y malas actitudes, hay quienes parecen no comprender el daño que a su marca personal hablando mal de las organizaciones donde laboran o laboraron y de sus jefes o sus exjefes. Además de ser una demostración de deslealtad y falta de profesionalismo, esas actitudes se perciben como vanos esfuerzos de justificar carencias o malos resultados. Y claro, olvidan que nadie querrá luego recomendar o contratar a personas que de hecho se comportarán igual en su siguiente trabajo.
Sentirse seguros en el puesto o en pasadas glorias genera complacencia en muchos. Y, por el contrario, mientras más tiempo estamos trabajando en una compañía, más cuidadosos nos toca ser con las relaciones interpersonales dentro y fuera de ella. Y, por supuesto, enfocarse en mantener nuestra vigencia y relevancia, productividad y eficiencia, para seguir generando valor y logros medibles y cuantificables cada día de la semana. La antigüedad en una organización no es sinónimo de seguridad, el trabajo no es un derecho ganado para nadie. Nos toca a todos seguir mereciéndolo cada día sin importar el tiempo que tengamos en la misma organización.
Demasiadas personas también olvidan ser competitivas y desarrollar nuevas competencias, habilidades y destrezas mientras están trabajando. Muchos se ponen mil excusas para no hacerlo. Luego, quienes se quedan con las mejores oportunidades son quienes tienen un alto nivel de empleabilidad, ya que asumieron directamente la responsabilidad por el desarrollo de su perfil profesional, sus redes de confianza y su marca personal.
Es indispensable seguir aprendiendo habilidades técnicas y digitales, humanas y de liderazgo y manejando el tema actitudinal, que mucha gente descuida. Es vital apuntar a sacar versiones nuevas y mejoradas de nosotros mismos. En otras palabras, transformarnos continuamente, ya que ni la competencia ni el mercado nos esperan.
El comienzo del año es un gran momento para hacer planes y proponernos evolucionar. Y, si nos está yendo bien, con mayor razón aún.