Inés Temple
Presidente de LHH Perú y LHH Chile
23/08/2024
En su famoso libro “Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva”, Stephen Covey afirma que la mejor manera para decidir los objetivos de vida a largo plazo es planear al revés; es decir, empezando por nuestro último día de vida.
Me encanta ese ejercicio de planeamiento y lo vuelvo a hacer de tanto en tanto. Siempre me resulta interesante ver cómo mis prioridades van evolucionando. Pero, lo más importante: lo uso para tratar de mantener mis decisiones de vida y carrera alineadas y coherentes con mi visión general de vida manifestada en ese, mi último día.
He sido testigo de excepción de ver cómo tantas personas en proceso de decidir los siguientes pasos de sus carreras han hecho este creativo “planeamiento de largo plazo” y se han sentido gratamente sorprendidas de poder poner en perspectiva lo que es realmente importante para ellas y, además, alinearlo a sus prioridades.
Así, los animo a hacer este ejercicio ahora y, por extremo que suene, lo planteo tal como lo hace Covey: ¿Cómo quisiera que fuera su último día vivo, el día de su muerte? ¿Listo? Sienta su primera reacción, visualice la primera imagen que se le aparece. Y, vamos, imagine ¿cómo quiere que sea ese día? Para ayudarlo a focalizarse, yo iré primero.
Me gustaría llegar a mi tumba bailando, como se dice ahora en las conferencias de longevidad, donde tanto se habla de usar la biotecnología para extender los años de vida saludable. Así, quisiera que ese, mi último día, sea uno en el que estuve bastante sana, lúcida, contenta y en paz.
Por supuesto quisiera estar acompañada de mis 3 hijos y mi pareja, y que estemos todos muy unidos, cercanos y en armonía. Me veo también muy feliz rodeada de todos mis nietos y, si los tengo ya, de mis bisnietos. Tristes porque somos muy unidos, pero también contentos celebrando la vida mientras la mía acaba porque ya le toca terminar. Como ven, mi familia y mis afectos son lo más importante y mi primera prioridad. También por supuesto, lo son mis amigas, primos y colegas que tanto quiero y respeto.
Además, quisiera que a mi entierro asistan muchas personas. No por un tema de ego ni de vanidad, sino como una manifestación de que mi pasión por ayudar a muchos a ser más empleables o a recolocarse satisfactoriamente tuvo, en efecto, un impacto significativo en ellos y sus carreras. Y ojalá también lo haya tenido la inspiración que les ofrecí en conferencias, videos, artículos, etcétera. Es decir, me gustaría irme sintiendo que mi trabajo fue positivo para muchos y que mi propósito les generó valor.
Cada uno de nosotros tendrá su propia manera de imaginar su último día, pero el planearlo y luego liderar sus prioridades de manera coherente con esa visión es un gran primer paso y un mejor avance para que, al final, ocurra lo que hemos visualizado. Esa visión se convierte en un norte y un destino, pero también el mapa de ruta de una vida con propósito y prioridades claras. Este ejercicio puede ser el inicio de la vida que deseamos vivir hasta el final. Anímense a pesar en cómo quieren vivir ese, su último día.