¿Presencial o remoto?

Por Ines Temple, Presidente LHH Perú y LHH Chile
Publicado en El Comercio el 25/10/2024

Creo firmemente que para avanzar, aprender, innovar y cambiar no podemos sino equivocarnos una y mil veces. Es más, equivocarnos o fracasar en un intento o varios nos hace aprender más rápido, reevaluar dónde estamos, repensar, recapacitar, crecer y, muchas veces, madurar. Yo me equivoco y fallo tanto en lo personal y profesional que me parece muy normal y natural errar y fallar, aunque comprendo y respeto que a no todos les cuesta aceptar sus errores, faltas o fracasos con la misma naturalidad.

Sin embargo, para que los errores, faltas o fracasos nos dejen avanzar, el primer paso es reconocerlos y aceptarlos en su real dimensión, afrontando sus consecuencias y asumiendo responsabilidad por ellos, antes incluso de tratar de enmendarlos o de empezar a esbozar una disculpa.

Pero no es fácil y a muchos a veces la aceptación del error o el pedir disculpas se nos atracan en la garganta. Otros quizás prefieren no aceptar su responsabilidad y optan por ocultar el error, negarlo, no aceptar su autoría e incluso hasta culpar a otros por ellos.

Este tema es delicado cuando se trata de líderes tratando de ocultar sus faltas por el impacto que esto tiene en la vida, el trabajo e incluso la vida de muchos. Y eso lo vemos a diario en muchos ámbitos y en distintos tipos de líderes, autoridades y funcionarios. Creo que de allí surge la pregunta: ¿los líderes deben ser perfectos?

La respuesta parece obvia, pero no lo es para todos. Claramente, los líderes no son ni pueden ser perfectos. Esperar su perfección es ilusorio y hasta infantil. Los líderes son –somos– personas normales y corrientes que asumimos o aceptamos hacernos cargo de tareas, misiones, propósitos comunes o, especialmente, de otras personas. Creo que por esa falsa expectativa de perfección muchos se inhiben de reconocerse como líderes o de asumir roles o experiencias de liderazgo: quizá por no sentirse a la altura de las expectativas de los demás o especialmente de las suyas propias.

Pero lo que sí es fundamental en los líderes es nuestra capacidad e inteligencia emocional para reconocer nuestros errores, faltas o fracasos y aceptarlos con hidalguía. Y especialmente para enmendarlos con rapidez y madurez. Los líderes tomamos muchas decisiones a diario y recibimos presiones por doquier y por eso erramos mucho, como cualquiera o más. Lo que se espera es no dejar que el ego nos nuble impidiéndonos aceptar con realismo y humildad las consecuencias de nuestros actos y decisiones y asumirlas con responsabilidad. Además, solo así se alcanzan los beneficios de crecimiento personal que los errores o fracasos traen. Equivocarse no “daña” la imagen o la reputación de una persona, la obstinación en no reconocerlo o culpar a otros por ellos sí lo hace.

¿Los líderes debemos ser perfectos? No, pero sí debemos saber comprender y perdonar de igual modo los errores de los demás sin descalificarlos ante las diferencias o dificultades. Eso muestra verdadera madurez, humanidad y generosidad. Y eso define también a un buen líder y a una buena persona y para eso, nadie tiene que ser perfecto.

Insights

22 abril, 2026
¿Qué es Coaching Ejecutivo? Cómo identificar si tu organización lo necesita
22 abril, 2026
Estrategias de movilidad interna en empresas 
22 abril, 2026
Cómo desarrollar líderes dentro de tu empresa: de colaboradores a jefes 
22 abril, 2026
¿Qué es la movilidad interna de talento? 
21 abril, 2026
¿Cumples con el 100 por ciento del perfil que buscan las empresas?
17 abril, 2026
¿Cómo abordar una reunión de red de contactos cuando estás en búsqueda de empleo?

Conversemos


¡Gracias por registrarte!

Abrir chat
LHH Perú
Hola
¿En qué podemos ayudarte?