Publicado en G de Gestión, el 20/10/2023
Imagina que estás en una carrera de botes y, por supuesto estás compitiendo para ganar. Si todos los que reman en tu bote lo hacen en la misma dirección, con la misma fuerza y el mismo ritmo, y ponen muchas ganas y empeño, las posibilidades de victoria son muy altas. Pero, si estás en un bote en donde uno no rema, otro está empeñado en hacerle un hueco a la embarcación porque cree que así lo aligerará y la hará más rápida, y otro rema en la dirección contraria, no hay manera de que pueda llegarse al éxito, pues el éxito en la carrera, aunque dependa mucho del estado físico y fuerza de cada uno de los remeros, también tiene mucho de la entrega, el compromiso y el entusiasmo que le ponen a la idea de ganar.
Exactamente igual pasa con los equipos en las organizaciones. Hay algunos que están muy bien afinados para competir y lograr lo que se proponen y hay otros que ni empujándolos avanzarán mucho. Eso hace la gran diferencia entre una organización que consigue sus objetivos y la que no y, por ende, que nosotros avancemos o no en nuestra carrera, generemos logros y valor reales.
¿Qué es, entonces, lo que motiva la lealtad, y la entrega que las personas escogen darle a su líder, propósito, misión o equipo? ¿Cómo conseguimos que los miembros del equipo le pongan interés o, mejor aún, corazón y pasión a los que hacen?
Algo que he aprendido con la experiencia de liderar muchos equipos exitosos en empresas de distintos tamaños, en ONG, y en proyectos específicos, y como coach de equipos de muchas organizaciones diferentes, es que cada miembro se alinea por un motivo distinto. Algunos lo hacen porque le gusta el trabajo; otros por la suma de dinero que ganan o por los beneficios que reciben o hasta por la ubicación de la oficina. Para algunos es la seguridad de tener un empleo o la oportunidad de crecimiento y desarrollo; y para otros, el gran motivador son los retos. El reconocimiento es un gran alineador, como lo es también la oportunidad de vincularse con cierto tipo de perfiles, sentirse valorado o hasta indispensable, etcétera.
Lo importante es saber que cada quién tiene su razón personal de alineamiento. Yo a eso le llamo “botones mágicos”, y es algo clave para el liderazgo efectivo de cada persona. Por eso es importante que los líderes se preocupen por descifrar muy pronto cuál es el botón mágico de cada miembro de su equipo. Que sepan bien qué los motiva, qué los inspira y moviliza, qué les hace sentirse valorados, qué ambiciones y sueños tienen, qué hace que se levanten con ganas de trabajar cada día, qué despierta su pasión, qué los hace querer dar mucho de sí mismos, qué los tiene contentos, cuáles son esas razones y cómo van evolucionando.
¿Cómo sabemos cuál es ese botón mágico? Dediquemos tiempo para observar a nuestro equipo, a analizar sus conductas, reacciones y comportamientos. Ayuda mucho mostrar ese genuino interés por conocer a las personas más allá de lo profesional, haciéndoles muchas preguntas durante conversaciones distendida, así como en un almuerzo informal. Conociéndolos e interesándonos por ellos de forma personal y no solo profesional. Preguntándoles directamente, en varias ocasiones distintas por su metas, sueños y aspiraciones, por sus retos y preocupaciones, por su nivel de satisfacción, por lo que los mueve y también lo que les desengancha. Conocer a las parejas y familias de nuestra gente es una manera muy efectiva de reconocer más los motivadores de las personas, así como de comprender su esencia, sus preocupaciones y a lo que se aferran en momentos de cambios o incertidumbre que pueda impactar en su performance o compromiso.
Conocer el botón mágico nos permite acercarnos a las personas y dar más fácilmente en el clavo de como mejor liderarlos y estimularlos positivamente hacia el propósito común, para mayor satisfacción de todos y mejores resultados empresariales y humanos. Es una tarea que no se delega, no se posterga y menos, se ignora.