
Hoy más que nunca, el tema del liderazgo está en agenda, quizá por cómo sentimos – y nos duele – la ausencia de buenos líderes. Sin embargo, como profesionales responsables nos toca enfocarnos en desarrollar y mejorar nuestro propio estilo de liderazgo y tratar de tomar conciencia de aquello que puede elevarlo. Aquí algunas ideas para lograrlo:
- Los buenos líderes lideran para el bien común, no para engrandecer su ego, su poder o su fortuna. Miran por el bien ajeno y actúan con integridad, desde una perspectiva de servicio a los demás. Son coherentes con los valores que predican, lo que los hace confiables y predecibles.
- No esperan que otros actúen o resuelvan por ellos. No se victimizan ni culpan a terceros por sus carencias, fallas o errores. Tampoco son agresivos. Se hacen cargo de los problemas, causas o proyectos y, por lo general, los sacan adelante. Se juegan por lo que creen.
- Consiguen resultados. Se miden por logros reales y concretos, no por el tamaño de sus promesas. No son arrogantes, pues entienden que liderar no los hace perfectos ni infalibles, ni más capaces en todo. Son seguros de sí mismos y saben seguir a otros cuando corresponde.
- Los buenos líderes comprenden cabalmente que el respeto es la base de la confianza. Respetan a todas las personas, especialmente a su entorno cercano y evitan ofender con palabras o acciones. Tampoco se dedican a criticar a los demás, se enfocan siempre en aprender, entender, actuar y resolver. Saben que su éxito es el reflejo de la gloria que alcanza su equipo.
- Toman decisiones, por difíciles o duras que éstas sean. Asumen riesgos y, sobre todo, la responsabilidad por las consecuencias de sus actos y decisiones en las muchas ocasiones en las que se equivocan. También saben escuchar y, cuando corresponde, pedir disculpas.
- Dan dirección. Tienen una visión clara de hacia dónde quieren ir y apuestan por ese futuro con optimismo e ilusión. Generalmente esa visión involucra una misión que los apasiona, un legado que deja huella y que inspira. De hecho, los líderes se ponen metas ambiciosas que entusiasman y motivan a otros a trabajar para conseguirlas como propias. Movilizan y generan cambios rompiendo inercias o apatías.
- Se interesan genuinamente por su gente. Buscan su desarrollo y crecimiento, actúan como mentores y los impulsan a ser mejores. Son motivadores y cercanos a su manera, – aunque exigentes -. Su energía y entusiasmo, derrochan entusiasmo, inspirando a quienes confían en ellos.
- Aprenden a sacar lo mejor de las personas. Ayudan a otros a descubrir capacidades que ellos mismos no sabían que tenían y les muestran nuevas posibilidades: una mejor versión de sí mismos. Llevan a sus equipos a resultados que antes parecían inalcanzables.
- Usan su carisma y calidez con propósito. Generan confianza, no adhesión vacía; no para encandilar a los incautos o ganar adeptos a su ego sin fundamento. Los buenos líderes protegen a su gente de peligros reales, pero también los enfrentan a la realidad sin sobreprotegerlos.
- Construyen redes con otros líderes y forman redes de confianza con ellos. Saben que son responsables de formar nuevos líderes, y no temen rodearse de personas más capaces, por el contrario, lo promueven.
- Saben que el liderazgo más desafiante es el personal, cuando se trata de liderarse a uno mismo. Tienen la disciplina y compromiso de trabajar en sí mismos. Buscan a diario mejorar de manera constante su perfil profesional y su estilo de liderazgo. Por lo general, los buenos líderes son personas íntegras, auténticas y transparentes.
Ines Temple
Presidente LHH DBM Perú y LHH Chile